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El niño acatarrado



El individuo adulto sano puede producir más de 100 ml. de secreción normal a través de sus vías respiratorias por día. Esta secreción es transportada hasta la faringe, donde es deglutida sin que el individuo lo perciba.


El catarro es el paso de este aumento de secreción hacia la nariz, pero también hacia atrás por la faringe.


La percepción del paso de las secreciones por la pared posterior de la faringe así como la percepción de su deglución, se debe a su aumento y probablemente al cambio de composición y está relacionada con enfermedad del aparato respiratorio, por lo que en relación al catarro, siempre existirá un estímulo o agresión para desencadenar su aparición.


Las arterias de la cavidad nasal son distintas a las del resto del organismo por no presentar la membrana elástica interna, lo que hace que presenten mayor porosidad conduciendo a que el tejido que reviste la nariz sea eréctil, de esta forma es más fácil la salida de líquidos del espacio intravascular hacia la nariz y producir el llamado catarro.


Las secreciones que quedan presas en la nariz o salen de las vías aéreas superiores (senos paranasales) pueden presentar coloración amarillenta, verdosa o hialina. Las secreciones hialinas son frecuentemente encontradas en rinitis alérgicas no infectadas, resfriados no complicados, en enfermedades exantemáticas virales (como el sarampión) y en ambientes fríos.


La coloración verdosa resulta principalmente de la oxidación del catarro por la enzima mieloperoxidasa (verde-peroxidasa) proveniente de las células de defensa llamadas leucocitos. Así, no todo el catarro verdoso o amarillento es necesariamente por infección bacteriana.

El color amarillento es debido a la presencia de eosinófilos, restos celulares, bacterianos y presencia de grasa.


Si las secreciones son suprimidas por largos periodos de tiempo (con medidas farmacológicas) el paciente puede presentar una mayor predisposición a infecciones.


La presencia de secreciones perceptibles en las vías respiratorias superiores es debida a una gran variedad de estímulos inflamatorios y no inflamatorios. Cuando ocurre persistencia del estímulo es prácticamente inevitable que aparezca infección secundaria.


Entre los estímulos inflamatorios están, virus, bacterias, hongos, agentes químicos e irritantes y las reacciones alérgicas a aeroalergénos.


Entre los estímulos no inflamatorios están, exposición a aire frío, a ciertos olores, a algunas bebidas y alimentos (el chile es el ejemplo clásico que produce secreción nasal).


La presencia crónica de secreción en nariz y demás vías aéreas altas resulta normalmente ser bacteriano y puede mejorar con el uso de antibióticos, en cambio la presencia aguda (de pocos días) se atribuye a una infección por virus.


Debemos saber que la persistencia crónica de bacterias en la región central de las amígdalas y adenoides, representa el estímulo más intenso para que se dé la amigdalitis crónica y de adenoiditis (esta última relacionada estrechamente con niños roncadores) que en ocasiones requieren cirugía.


Los niños con secreción nasal amarillenta o verdosa durante un periodo mayor a 10 días presentan como diagnóstico más probable la rinosinusitis aguda.


Para el niño acatarrado se han propuesto múltiples tratamientos como el uso de suero fisiológico utilizado varias veces al día en el cual se teoriza actúa como descongestionante leve, licúa el moco, disminuye cuantitativamente los alergenos e irritantes de la mucosa nasal y mejora el transporte de moco. Para algunos representa el mejor tratamiento, y el más inocuo.


También se ha propuesto el uso de vasoconstrictores tópicos, descongestionantes, antihistamínicos, corticoides de nasales y sistémicos, antitusígenos, expectorantes, mucolíticos y finalmente, vitaminas como preventivo.


Esta amplia variedad de medicamentos para la gripe y el resfriado nos muestra que no existe un tratamiento totalmente satisfactorio identificado, que los resultados con ellos son más bien parciales a pesar de varias creencias populares.


Incluso se ha propuesto, no prescribir medicamentos si las molestias son leves o moderadas y que, en el caso de los resfriados o rinofaringitis virales, éstas se autolimitarán a los pocos días.


Es claro que se debe precisar muy bien la causa para entonces dirigir el tratamiento ya que no todos los catarros son simples resfriados.


“Porque respiro, existo”

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